Lara y David

Lara y David

Yo no sé cómo eran las bodas hace 30 o 40 años, puede que en un mes preparandola ya estuviera todo listo. Puede que diese igual no casarse al aire libre o en el lugar que más bonito pareciese a la pareja sino que había que hacerlo en la iglesia donde se asistía desde pequeño, no sé si el que ponía música intentaba tener a todo el mundo contento durante la fiesta, ni sé si la barra libre podía alargarse durante tantas horas.

No sé muy bien cómo eran esas bodas, pero sé cómo era el fotógrafo de bodas que inmortalizaba ese día. Había que ahorrar carretes, seguramente no podían aventurarse a hacer fotos que pudiesen no gustar a la pareja, así que iba a tiro hecho: Fotos de la ceremonia, las justas, entrada, anillos, comunión, firmas y salida. Fotos con las familias, todos muy serios y si se quedaba en el banquete, puede que una foto cortando la tarta.

Yo sé cómo son las bodas ahora y sé cómo sómos los fotógrafos, al menos se cómo deberíamos ser.

La boda empieza cuando uno se lo pide al otro, un año antes, o el tiempo que sea. Sigue durante meses de preparativos, de ilusión, de dar la noticia a la gente a la que quieres, de decidir quien es importante como para compartir ese día, probar vestidos, conjuntar corbatas, pensar regalos, todo eso y mucho más es la boda, y culmina el día de la ceremonia.

En el día de la ceremonia yo no tengo necesidad de escatimar en carretes, así que lucho por tener la foto de cada momento importante del día.

Hay momentos en los que quizá el novio le escribe una carta imporvisada a la novia, no hace falta rellenar hojas y hojas, ni que tenga rima asonante o consonante, ni siquiera que tenga grandes palabras, sólo tiene que salir del corazón. Y el novio lo hace porque está desenado verla y decir lo que siente. Y más tarde ella lo lee, y llora, porque está nerviosa, porque ya ha llegado el momento que llevan preparando tanto tiempo. Llora porque hoy están todos aquí, o es posible que falten personas muy importantes, pero están otros, siempre han estado, y los abrazará varias veces en este día y llorarán juntos.

Porque hoy una boda no es solo un papel y una fiesta. Es dejarte llevar por el amor a tu pareja, el respeto y la confianza de que el camino continúa incluso más firme que antes. Una boda es abrir tu corazón a toda tu familia y amigos, una boda es dar las gracias a todos por compartir parte de su vida contigo.

Por eso, aunque sea difícil, hay que plasmar todos esos recuerdos en fotos, porque es un día que hay que recordar, por eso lucho por capturar cada momento, porque ese día está muy por encima de mi y tiene que ser recordado pase lo que pase.

No importa si habeis leído todo el texto o no, sólo quería explicar un poco como me he sentido en la boda de Lara y David. Porque cualquier fotógrafo de bodas que merezca la pena tiene que emocionarse en una boda como esta, tiene que ver a David esperando a Lara en el altar, a punto de explotar y que se le salga el corazón del pecho. Tiene que sentir que el abuelo y el tío de Lara son muchísimo más que un abuelo y un tío, tiene que esconder la lagrimita cuando la hermana se pone a cantar.

Seguro que esta boda no ha sido como las bodas de hace 30 o 40 años. Esta vale por diez.

Mil gracias pareja por dejarme entrar en un pedazo de vuestra historia.

Y gracias también al equipo de el Palacio de Guevara por una atención perfecta y por estar siempre con una sonrisa.

 

 

    

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